Para Lafcadio Hearn (1850-1904), un inglés que estudió durante toda su vida a las antiguas culturas del Japón, todas las religiones comenzaron siendo un culto a los ancestros domésticos, y luego los seres divinizados fueron tomando categorías hasta alcanzar la máxima del Ser Supremo. Para Carl Gustav Jung, (1875-1961), psicólogo suizo, ya nacemos con la impronta de la idea de Dios programada en nuestros cerebros, como un arquetipo universal a toda la raza humana. Lo cierto es que desde remotísimos tiempos todas las civilizaciones antiguas han tenido esta forma de adoración doméstica. La idea es que el espíritu del ancestro fallecido nunca se va de la morada familiar; su espíritu quedará viviendo ahí, porque ése es su lugar. Habrá que reconocerlo, asistirlo, darle afecto y respeto filial. Y ese espíritu tendrá influencia en las vidas de los habitantes del hogar; si se lo recuerda y homenajea convenientemente, influenciará en forma benéfica sobre los actos cotidianos de sus descendientes. Esa es la idea básica del culto. Se le hacen pequeños altares domésticos, se les da comida (de la cual comerán sólo el "espíritu" de los alimentos), se les encienden velas para iluminarlos en su mundo de sombras. Aunque, según todas las tradiciones, ellos no requieren tanto de esa asistencia física: pero sí valoran especialmente el acto de recuerdo y homenaje.

Todas las civilizaciones y pueblos verdaderamente antiguos, han tenido -y muchos, como los japoneses, hasta hoy la conservan-, esa forma de adoración doméstica. Y los vascos también. Los vascos, ese pueblo venido de no sabemos exactamente dónde, un pueblo más unido por su lengua única que por sus rasgos físicos; (no hay un solo tipo fisionómico de vascos, sino al menos dos: uno, es un tipo rubio de ojos claros, y el otro, de pelo negro y cejas gruesas y narices aguileñas). Ese pueblo con su marcada tendencia a no portar factor RH en su sangre, lo que en la antigüedad los hizo bastante endogámicos. Pero su lengua es un factor único en su identidad. El euskera, idioma hablado solamente por ellos en el mundo, esfuma su origen también en la noche de los tiempos.

Los vascos traen desde su más remota antigüedad un fuerte concepto de pertenencia al lugar donde viven. "Etxe" es la casa, y entendamos por "casa'', no solo el lugar donde se habita, sino una institución familiar heredada a través de generaciones, y no divisible por loteos o fraccionamientos. Un patrimonio que debía permanecer intacto a través de las generaciones, un patrimonio casi sagrado, el "templo" familiar. Es una pequeña "patria", tomando el concepto de "patria" como "tierra de los padres". Esta idea, trasladada a su sociedad, contribuye a reforzar sus sentimientos nacionalistas.

Los familiares fallecidos siempre se han quedado, entonces, en cuerpo y en alma, en la casa de la familia. Esto era común -y obligatorio- hasta la llegada del cristianismo, cerca del siglo V. Ellos tenían a sus muertos enterrados en algún terreno de sus casas, no usaban los cementerios comunales. La Iglesia Católica los acostumbra, luego, a enterrarlos en los cementerios, pero...entonces, el camino que se recorre desde la casa hasta la tumba, tomará también para ellos un mágico significado especial de pertenencia.

EL CALENDARIO LUNAR:

Los vascos se regían por un calendario lunar. Calendario lunar es aquel en el cual la luna nueva marca su principio y dura aproximadamente 29 días y medio (exactamente 29 días, 12 horas, 44 minutos y 28 segundos). Un día, en sus tradiciones, era dedicado a la luna: el viernes. Los viernes se reunían las brujas en los akelarres, y no había que casarse, pastorear, o cultivar, en viernes. En euskera, la palabra "hil" se usa para "luna" y también se usa para "mes". Dentro del culto a los antepasados, las distintas fases de la luna tenían importancia entre ellos: la luna llena les daba luz de noche a las almas; la luna se llama "la luz de los muertos", en euskera ("hil-argia"). Pero durante la luna nueva había que ayudarlos a iluminarse. De esta costumbre vienen las argizaiolas.

LAS ARGIZAIOLAS, O ARGIZAIOLAK:

Las Argizaiolas (de argizai, cera y ola, tabla) son tablas de madera, labradas y envueltas en una soga de cera, una cerilla, que se enciende y permanece encendida durante horas, y se usan para brindarles a las almas calor de hogar. También podría entenderse que es una forma de iluminar el mundo de las sombras, y el camino de ellos al cielo. Inicialmente se cree que fueron de piedra. Hoy en día es una costumbre bastante desaparecida, excepto en la localidad de Amezketa, en Guipúzkoa, donde todavía se conserva la tradición. En Amezketa, la nave de la iglesia simboliza un cementerio, con tumbas a ambos lados del pasillo central. Hay alineadas unas 150 tumbas y, en el día de los Difuntos, se colocan reclinatorios y argizaiolas en cada una de ellas. Observadas por la iglesia católica como símbolo pagano, en realidad su uso se extendió durante el cristianismo, que trajo el uso de las ceremonias con velas de cera. El rito de la iluminación del mundo de los muertos, sin embargo, es muy antiguo entre los vascos.

ETXEJAUN:

Esta palabra significa "el señor de la casa". Se usa para designar al ancestro más antiguo, que por consecuencia, es el guardián principal del hogar. Ellos tenían que tener un ancestro común, el más antiguo conocido en la familia. Generalmente no era uno solo sino varios, por lo que se habla de "Etxekojaunak" (señores de la casa). Sus espíritus siempre están alrededor, vigilando y pueden otorgar beneficios a los moradores, salvo si no se cumple con las ofrendas y homenajes que se les debe rendir.

LAS ESTELAS DISCOIDALES:

Son lápidas funerarias, de piedra, de forma circular, o sea de disco. Tienen símbolos de muy antigua tradición grabados. Se cree que correspondían a un culto solar. Se hallan muy extendidas especialmente en Navarra. La presencia del sol en el mundo de los difuntos es otro símbolo de iluminación, así como de la guía de un ser poderoso. En muchas de ellas hay grabados símbolos de la mitología vasca. Otras tienen grabadas cruces: en su encuentro con el cristianismo, las estelas discoidales han adoptado distintas expresiones, mezclando lo mitológico vasco con lo cristiano. Se pueden ver estelas discoidales en muchas partes del mundo (Africa del Norte, Turquía, Rusia, etc.) pero las de los vascos tienen sus propios símbolos, y están adaptadas a su cultura de acuerdo a sus propias creencias.

 

 

LOS MUERTOS NO SERAN ABANDONADOS:

Cuando alguien muere en la familia, los ritos funerarios de los vascos son de una profunda riqueza. En Basse-Navarre, el carpintero del pueblo es quien preside el rito funerario. El construye tablas y pone adornos para el funeral. El es quien, cuando la muerte llega, abre las ventanas de la casa "para que el alma pueda liberarse".

La mujer mayor de la familia, la etxekoandre, será quien dirija después los homenajes periódicamente a los difuntos. Ella encenderá las ofrendas de luz, y rezará las plegarias. De acuerdo a diferentes costumbres de algunas zonas del país vasco, a veces este rito lo ofrecen los hijos herederos primogénitos de la familia, sean hombres o mujeres.

Los muertos no deben ser abandonados. Esto es lo que afirma la continuidad de la casa, a pesar de que sus ocupantes temporarios desaparezcan físicamente.

Pero, cómo justifican las extekoandre todos estos ritos paganos ante la iglesia? Muy simple, los inscriben dentro de la "comunión de los santos", que significa que todos los cristianos, pasados, presentes y futuros, somos parte del "cuerpo místico de Cristo", y estamos unidos a El en el cielo. Pero la antigua tradición cultural euskera piensa en los muertos como "arima erratiak" (almas errantes). No es casualidad que la más grande fiesta religiosa vasca sea la Fiesta de Todos los Santos.

LA AFIRMACION DE LA IDENTIDAD FAMILIAR

(UN SISTEMA COMPLETO INCLUIDAS LAS SUCESIONES DE BIENES):

ODOLAK BADUELA HAMARIDI PAREK BAINO INDAAR GEIHAGO

.

(LA SANGRE TIENE MAS FUERZA QUE DIEZ YUNTAS DE BUEYES)

Mediante su culto de los ancestros, los vascos, como los demás pueblos que lo han adoptado, refuerzan los lazos de sangre de su grupo familiar. Todo el sistema por el que se rigen, socialmente, está conformado por la misma idea de solidez de la casa de la familia. Una casa es un bien material, pero también, es un bien inmaterial: es, aparte de la construcción física, lo que hay adentro de ella, todo lo espiritual y abstracto que los seres humanos instalan dentro del hogar: la intención de unir seres en una familia, los proyectos comunes, la esperanza de poder gozar de los frutos del sacrificio común. En el sistema sucesorial vasco, como en el de todos los Pirineos, los bienes y las propiedades se conservaban intactos por generaciones. La indivisibilidad del terreno familiar se lograba dejando la herencia solamente al hijo o hija primogénitos: solamente el hijo o la hija mayor heredaban la propiedad entera, y eran los encargados de administrarla hasta el próximo heredero. Los demás hijos sólo heredaban los bienes muebles: ropa, amoblamientos, joyas, herramientas de trabajo. Y tenían dos opciones: quedarse bajo la tutela del hermano mayor o casarse con alguien que hubiera heredado algo, o emigrar. Durante el siglo XIX, la emigración de todos estos hijos menores fue frecuente e importante, especialmente hacia América. A pesar de que las leyes españolas y francesas ya habían cambiado este régimen de sucesiones, ellos se las arreglaban para encontrar vueltas legales para seguir instrumentándolo. De hecho hoy en día ya no quedan muchos vestigios de este sistema sucesorial, está prácticamente desaparecido.

Pero mediante este sistema durante muchas generaciones este pueblo logró mantener una tradición cultural firme; en un mismo hogar, convivir no sólo los habitantes del presente, sino los del pasado (mediante el Asaben Gurtza, su culto a los antepasados) y los del futuro, que antes de nacer ya tenían asegurado su lugar y su misión en el mundo.

Quizás ésta sea otra explicación más de porqué la genealogía.

 

En medio del paisaje majestuoso de los Pirineos, surge la antiquísima pregunta de la tradición cultural vasca:

Alma errante...cómo hacer para no llegar a serlo?..

Pregunta difícil de contestar, sin duda.

VERSION FRANÇAISE

LOS EXPERTOS EN GENEALOGIA VASCA EN LA WEB:

GENEOWEB.ORG

Pablo Briand, Marzo de 2010.

Fuentes: José Miguel Barandiarán- Vestiges Artistiques et Religieux des Pyrénées Basques", 1935.- " Données etnographiques sur le vecú traditionnel de la mort en Pays Basque-Nord". Michel Duvert. - El inconsciente colectivo vasco, Andrés Ortiz-Osés, Txertoa, 1982. -Sobre la religión antigua y el calendario del pueblo vasco (1984), Julio Caro Baroja, Editorial Txertoa. Música: Txalaparta, The Chieftans.

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