"Les diré que hoy en día poco importa esconder el motivo por el que les pueda fastidiar un recién nacido. Que provenga del elegante gabinete de una señora o de un granero, que haya llegado en un lujoso carruaje o en una mochila, que venga vestido con mantillas bordadas o envuelto en una frazada de lana, todo esto es un asunto de entrecasa, un asunto de la familia que se trata amigablemente. Presentan al niño en el vestíbulo en pleno día: lo recomiendan a las monjas, repitiendo con cuidado el nombre de su padre, derraman algunas lágrimas...y eso es todo. Después, que el infortunado llore, se muera, sea despedazado por el anatomista, cosido en pedazos como una tela, echado en una bolsa y depositado en el cementerio, poco importa! El honor está a salvo, la madre va a los salones de baile o de compras, la civilización continúa, la medicina brilla por sus descubrimientos, y tenemos en la Universidad un nuevo curso de economía política: es admirable!...

Algunas veces, en días no muy frecuentes, el corazón de la madre se quiebra de angustia ante esta separación horrorosa; sus manos tiemblan desenvolviendo la camiseta de punto con agujeros; llora y abraza durante largo rato al niño que no está y que nunca le llamará su madre.

Me contaron aventuras conmovedoras, pesares agudos, dramas completos, donde el colorido de la historia refresca su fervor natural.

Hay pobres obreras que marcan al recién nacido; que suspenden de su cuello una cinta, un rosario, un viejo anillo; que le dan un nombre querido y suplican a las hermanas llamarlo por ese nombre; vienen cada semana, cada mes, para preguntar por la suerte de la víctima; jamás podrán verlo, y en caso de que muera, el cadáver les será negado, pues será destinado al beneficio del escalpelo del médico interno. Otras, no pudiendo resistir a su dolor, utilizan un fraude piadoso y se hacen contratar como nodrizas, para poder darle el pecho a su hijo. Esas mujeres merecerían un premio a la virtud...."

André Delrieu, Les Enfants-Trouvés, 1831.

 

 

LA ANTIGUA HISTORIA DEL OLVIDO

Quizás el abandono de niños haya sido en la antigüedad la forma más piadosa de deshacerse de ellos.

Casi todas las civilizaciones antiguas practicaron el infanticidio, lo cual era moralmente tolerable. Los antiguos griegos, en Esparta, que era una nación guerrera, querían soldados fuertes, y cuando encontraban un recién nacido con algún defecto físico, lo arrojaban desde lo alto de una colina, llamada la Roca Tarpeya. Los antiguos egipcios se deshacían de los niños dejándolos correr en cestas en la corriente del Nilo. Los chinos solían dejarlos abandonados en el medio de los campos de arroz, especialmente a las hijas mujeres, quienes no ayudaban al sostenimiento económico de la familia.

Desde las épocas más remotas, el patriarca de las familias decidía quién podía o no pertenecer a ellas. Y él decidía si era conveniente que un recién nacido se incorporara a la familia o fuera eliminado de ella. En el antiguo Imperio Romano, los patriarcas podían abandonar a sus hijos exponiéndolos en una plaza pública (expósitos), o venderlos cuando ya estaban mayores como esclavos, o incluso entregarlos para pagar alguna deuda. De todas formas, la mayoría de los niños abandonados terminaban como esclavos, a pesar de que las leyes romanas no lo permitían. En una sociedad eminentemente agrícola, pasaban a formar parte de la fuerza de trabajo de las siembras y los cultivos. Las mujeres, mayormente, eran destinadas a la prostitución.

El abandono de niños fue, en la antigüedad, frecuente, común, aceptado y tolerado por la sociedad.

LAS CAUSAS DEL ABANDONO PODIAN SER SOCIALES O ECONOMICAS.

Los motivos sociales del abandono han existido siempre: la ilegitimidad del recién nacido, el no poder confesar su paternidad por algún motivo, los hijos incestuosos; los hijos de uniones ilícitas, fuera del matrimonio, los hijos de las "hijas-madres", niñas solteras, paternidad atribuida a algún enemigo del patriarca de la familia, etc.

Los motivos de índole económico varían desde las frecuentes guerras que dejaban a las familias sin padres, las hambrunas que asolaban a las antiguas sociedades, hasta la falta de recursos individuales de las familias para mantenerlos. Para que pudieran subsistir los demás hijos, el nuevo nacimiento debía ser descartado del hogar. Si nacían mellizos, a veces había que quedarse sólo con uno de ellos.

ABANDONADOS FAMOSOS EN LA MITOLOGIA DE ANTIGUAS CIVILIZACIONES:

Entre las más antiguas narraciones humanas, personajes famosos fueron niños abandonados.

Baste citar tres casos:

Edipo, personaje de la mitología griega, era rey de Tebas, e hijo de Layo y Yocasta. Al nacer, el oráculo anunció a su padre que lo mataría y desposaría a su madre Yocasta. Para evitar este infortunio, Layo encarga a uno de sus oficiales que mate a su hijo Edipo. En lugar de matarlo, compadecido de la criatura, éste lo cuelga por los pies de un árbol, hasta que un pastor lo encuentra y lo entrega al rey de Corinto, Pólibo. Su esposa, Peribea, lo cría como a su hijo, y le pone de nombre "Edipo", que significa "con los pies inflamados".

El personaje bíblico Moisés fue otro niño arrojado afuera de su hogar. Según antiguas narraciones del Talmud, el faraón de Egipto había ordenado ahogar en el río Nilo a todos los varones que nacieran hijos de los hebreos. Iojebed concibe del hebreo Amrám un hijo varón, al que trata de esconder y finalmente lo pone en una cesta protegida por barro y brea y lo entrega a la corriente del Nilo. La hija del faraón lo encuentra, lo salva y lo adopta como propio. El nombre hebreo "Moshé" quiere decir "salvado de las aguas".

 

 

Los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, que eran gemelos, nacieron cerca del siglo VIII A.C. Eran hijos de Rhea Silvia, sobrina de Apulio, rey de Alba Longa. Estando Rhea Silvia descansando a la orilla del río Tíber, el Dios Marte tomó posesión de ella y la hizo engendrar a los gemelos. Para evitar que su tío, el rey Apulio, se enterara, pues él no permitía que Rhea Silvia tuviese hijos, por ser hija de su hermano, a quien él había destronado, ella los coloca en una canasta y los pone a la deriva del río. Como la cesta queda atascada en una costa cercana, una loba los protege y los amamanta. El pastor Fáustulo los encuentra, y su mujer, Aca Larentia, los educa y los cría. Luego ellos fundarán la ciudad de Roma en el mismo punto de la costa donde la cesta quedó atascada.

 

 

EL ABANDONO AL PRINCIPIO DE LA CRISTIANDAD:

Cuando el Imperio Romano se cristianiza, hacia el siglo IV, las nuevas leyes de Constantino, influenciadas por la Iglesia Católica, condenan como un pecado capital el abandono de infantes. Uno de los principales motivos es que el abandono podía fomentar el pecado del incesto: las niñas abandonadas destinadas a la prostitución podían tener, según las observaciones de la Iglesia de esos tiempos, como clientes posteriormente a sus propios padres. Pero asimismo condena la posibilidad de muerte del niño abandonado, por el frío, la falta de cuidados o las epidemias, como infanticidio, o sea un pecado mortal. Así lo señala el líder cartaginés de la Iglesia Tertuliano (160-220), en su Apologeticus pro Christianis: "...es ciertamente la manera más cruel de morir, por la exposición al frío, al hambre y a los perros..."

En esta época, en el Imperio Romano de las primeras centurias, entre los siglos I y III, del 20% al 40% de todos los nacimientos terminaban siendo niños abandonados. Ninguna ley romana prohibía o sancionaba el abandono de criaturas. San Agustín, quien había empezado una fuerte condena y desaprobación a esta práctica, terminó por admitir que a los padres en extrema condición de pobreza les quedaban pocas alternativas de opción, y dirigió sus críticas a los padres que exponían a sus hijos teniendo otras opciones de salvarlos. San Ambrosio, Arzobispo de Milán en el siglo III, aceptó que "había que pasar de la condena a la resignación", pues por más esfuerzos que se hicieran, el problema del abandono seguiría ocurriendo. Desde esa época se enfocan los esfuerzos de la Iglesia en contener el problema creando hogares de hospedaje para los niños en abandono, y recibiéndolos en el mismo seno de su institución. Por entonces se flexibiliza la condena hacia los padres y se comienza a tolerar el fenómeno social como inevitable. De allí viene la costumbre de dejar a los niños en las puertas o los umbrales de las iglesias.

 

EL ABANDONO EN LA EPOCA MEDIEVAL:

El Medioevo, época que se extiende aproximadamente desde el siglo VI hasta la llegada del Renacimiento, allá por el siglo XIV, muestra un cambio en las costumbres sociales europeas, influenciado por la mayor presencia de la Iglesia en la sociedad. Los reinos bárbaros adoptan muchas de las costumbres romanas, entre ellas, el abandono de infantes. Entre el año 1000 y el 1200 las tasas de abandono bajan, volviendo a aumentar a partir de la peste y las hambrunas cerca de 1300. Durante este período hay una confluencia de las costumbres del Imperio Romano con las de los reinos bárbaros, germanos, godos, visigodos, celtas. El Código Visigótico, o Lex romana visigothorum, impone el derecho de convertir a esclavos o siervos a los niños encontrados en abandono.Las costumbres de los reinos germánicos con respecto a las sucesiones establecían que las herencias se dividían por igual entre todos los hijos. Muchas veces, para impedir que la propiedad se fraccionara mucho o saliera del control del clan familiar, los pater familiae reducían el número de hijos, abandonándolos. Cuando las nuevas costumbres implantan las sucesiones solamente para el hijo mayor, como herencia del derecho romano, esta costumbre disminuye, y se produce un descenso en la exposición de niños en lugares públicos. En este período también se desarrolla el concepto de nobleza y feudalismo, por lo que se evita que las familias "nobles" abandonen a sus hijos.

Sobre los siglos XIII y XIV se multiplican, por obra de la Iglesia, hospicios destinados a recoger niños encontrados en distintos lugares de Europa, como Francia, Italia, España y Alemania. La Iglesia Católica condena el aborto e insiste en el fin exclusivo de procreación del acto sexual, lo que promueve más abandonos, y se necesitan más lugares para contenerlos. También contribuirán un estallido de crecimiento de las poblaciones y las faltas de controles de natalidad. En general las condiciones de asilo en estos hospicios eran insalubres y tenían una altísima tasa de mortalidad: cerca del 80% de los niños no sobrevivían. Por otra parte, el crecimiento del número de estos hospicios cambia ciertas condiciones sociales: si bien antes los niños eran hospedados como siervos en casas familiares, la reclusión en hospicios crea una nueva serie de estigmas sociales: desclasados, seres que han perdido totalmente su identidad y el sentido de pertenencia, incomunicados con el resto de la sociedad.

Los más antiguos registros de abandonos en hospicios que se conocen datan de Florencia en la 2a. mitad del siglo XV. Está registrado el caso de un tejedor florentino que, al quedar viudo, entrega 4 de sus 7 hijos al hospital de San Gallo.

Los padres, si intentaban recuperar a sus hijos después de estar un tiempo en los hospicios, debían reembolsarle a la institución los gastos ocasionados por el mantenimiento de la criatura. Por este motivo, había muy pocos casos de recuperación de niños.

LA OBLACION:

Este término, que originalmente designa a un sacrificio entregado a una divinidad, se utilizó en el medioevo para nombrar a una práctica común que la Iglesia comenzó a implementar para solucionar en parte el problema de los abandonos. Consistía en la donación voluntaria de niños, en forma permanente, a los conventos. Esta innovación comenzó en el siglo V y quedó bien establecida en el siglo VII. Fue una solución al dolor de las familias de tener que recurrir al abandono. El niño entregado en oblación no sería expuesto a condiciones crudas a la intemperie, a la merced de pestes y animales, no se enfermaría en los hospicios, no sería usado como esclavo o como siervo, y rezaría por su familia durante toda su vida, intercediendo ante Dios por ellos. Los Conventos de Oblates existieron durante mucho tiempo en toda Europa y fueron un alivio para la condición de los niños infortunados.

FUERON LOS HOSPICIOS UNA SOLUCION ?

Es indudable que los hospicios fueron creados para no dejar en la calle y en el abandono a miles de recién nacidos, a merced de una muerte casi segura, por falta de alimentos, frío, lluvias, expuestos a los perros callejeros y a numerosas epidemias. Pero, paradójicamente, todo el sistema en sí -con excepción de los niños entregados en oblación a los conventos-, no hizo más que desplazar el índice da alta mortalidad desde la calle a los hospitales. Las condiciones de estos lugares de asilo, casas viejas, por lo general, faltas de aire y ventilación, con pocas comodidades y casi siempre desbordadas en su capacidad de asilo, con malas condiciones de higiene y los niños expuestos a ser amamantados por nodrizas con enfermedades contagiosas, no logró básicamente salvar muchas vidas, sino solamente limpiar las calles de esta vergüenza social.

<<<PAGINA ANTERIOR