PRESERVACION DE DOCUMENTOS (III)

LAS PLAGAS DE LOS ARCHIVOS

(LOS AMANTES DE LA LITERATURA)

Vamos a conocer a los principales enemigos de la conservación de los archivos.

Son: HONGOS, BACTERIAS, INSECTOS Y DEGRADACION DE TINTAS

Muchas veces, uno trae al otro. La humedad y el calor favorecen la formación de hongos. Los hongos son alimentos de varios de los insectos bibliófagos. El calor y la humedad atraen bacterias. Las bacterias acidifican los papeles, y a su vez estos ácidos atraen hongos e insectos. La celulosa del papel, por ser un residuo de la madera, es sabrosa para las termitas. Es una cadena biológica de seres vivientes que tratan de alimentarse y sobrevivir a costa de nuestros documentos.

HONGOS

Hay más de 200 especies de hongos que atacan archivos y bibliotecas, siendo entre ellas los más conocidos el aspergillus y el penicillium. Producen manchas amarillentas o pardo oscuras, redondas que se van extendiendo y contagiando a todos los demás archivos.

La prevención para que no aparezcan es un ambiente frío (15 a 18 grados C) y baja humedad, menos del 50%. También ventilación. Aunque algunas especies aparecen con un 10% de humedad. Una vez infestados los archivos, deben primero cepillarse con un cepillo suave y luego desinfectarlos con productos específicos.

BACTERIAS

Los más conocidos de estos microorganismos en archivos son cytophaga, cellvibrium y cellfacicula. Son atraídos por los papeles de celulosa. Una vez instalados, producen ácidos que degradan el papel y las tintas. Rompen la cadena de la celulosa, también degradándola.

Dejan las hojas de papel frágiles, quebradizas, sin consistencia.

Es recomendable proceder a desinfecciones de los documentos atacados por bacterias.

INSECTOS

Entre los insectos más frecuentes en bibliotecas, archivos y hogares donde se almacenan documentos, están los anóbidos. Hay muchas clases de ellos, pero el más conocido es el escarabajo, una carcoma, que se llama reloj de la muerte (stegobium paniceum). Este coleóptero, que mide unos 3 mm., se come la celulosa, que lo atrae especialmente, atravesando el papel y dejando agujeros circulares pequeños en forma de túneles. Cuando atraviesa una hoja pasa a la de abajo y continúa.

Otro de los insectos temibles para los archivos es el pececillo de plata (silverfish), que pertenece al género de los lepismas. Es un insecto voraz, que come madera, cartón y papeles. Mide entre 9 y 13 mm., y le atraen los pegamentos, la gelatina (contenida en papeles y fotos) y el polvo de la suciedad ambiente. Come solamente la superficie, no hace túneles, y deja huecos irregulares y sin residuos alrededor.

Las termitas pueden llegar a destrozar totalmente un libro, o cualquier cosa que se propongan. Baste decir que para llegar a la madera atraviesan el hormigón sin problemas. Pertenecen al género de los neópteros, y les dicen también hormigas blancas, aunque no son parientes de las hormigas. Les atraen las cubiertas de los libros de madera, y por supuesto, la celulosa de la que están compuestos los papeles.

Aparte de todas estas infestaciones, también atacan seriamente a los documentos la degradación de las tintas. Especialmente las tintas ferrosas, que tienden a oxidarse, decolorarse, generan ácidos y van envejeciendo rápidamente el papel. Una excesiva humedad favorece esta degradación, pero el ambiente con temperatura y humedad controladas ayuda a detener su acción destructiva.

Las más antiguas tintas, usadas por los chinos y los egipcios, hechas de negro de humo, goma arábiga, y cola de pescado, son las mejores y las más estables. Se usaron en Europa hasta el siglo XV. A partir de allí, se comenzaron a usar las tintas ferrogálicas, compuestas de sulfato de hierro, ácido galatónico y un aglutinante, por lo general la goma arábiga disuelta en agua. La corrosión del papel, observada en muchos manuscritos con tintas ferrogálicas, se asocia precisamente a sus componentes básicos. Las tintas de impresión (periódicos, litografía, offset), en cambio, son mucho más estables y permanentes, pues están disueltas en un medio acuoso graso que las preserva.

CURA Y DESINFECCION DE ARCHIVOS AFECTADOS

Hay por todos lados un montón de recetas y sugerencias de cómo fabricar líquidos y soluciones para desinfectar documentos en forma doméstica. No me atrevo a recomendar ninguno. Más bien recomiendo que esto se deje en manos de expertos. La falta de práctica en estos quehaceres puede destruir completamente un documento, y en lugar de desinfectarlo puede terminar con toda la tinta lavada e ilegible. Lo único que puedo sugerir es cepillar con un cepillo suave el polvo y sacudir hongos y bacterias de esta forma de vez en cuando. Pero esto no es suficiente para infestaciones más serias. Me parece adecuado sugerir también revisar el estado de los documentos archivados periódicamente, al menos una vez por mes. Sugerencia: si definitivamente las condiciones del hogar no son adecuadas, por los motivos que fuere, las cajas de seguridad de los bancos, por lo general, tienen las condiciones ideales para la conservación de documentos (temperatura y humedad bajas y estables).

CONCLUSION

Preservar y conservar es luchar contra un proceso que naturalmente ocurre. No es una tarea fácil. pero si se toman inicialmente todos los cuidados necesarios y se respetan las formas prudentes de manipulación de los documentos, la preocupación es mucho menor. Muchos de los documentos y fotos que heredamos de nuestros abuelos, es cierto, no han sido bien conservados. Nosotros tenemos la oportunidad de mejorar las condiciones, una vez en conocimiento de cómo hacerlo. Y tener en cuenta que nuestros documentos de hoy serán los antiguos archivos del futuro.

Preservar archivos es atesorar memoria. Y mejor es prevenir que curar.

Pablo Briand, Miami Beach, Abril de 2011.